Son muchos los factores que condicionan la elaboración de un buen café, pero es evidente que partiendo de una buena materia prima – el café tostado y molido – se tienen todas las de ganar. Y catar el café es sin duda la mejor forma de valorar su calidad.
Esta sección no pretende ser un manual de cata para el tostador, pero sí una eficaz guía para el profesional de la Hostelería, de la Alimentación o de todo aquel que tenga interés en degustar un buen café sin sobresaltos.
Tomar o comprar regularmente un buen café, o en todo caso el café que nos gusta y al que estamos habituados, no es una tarea fácil. La existencia de tantas variedades y calidades - y además cambiantes de cosecha a cosecha -, obliga siempre a una verificación previa si queremos corroborar la constancia de un patrón predeterminado.
La mejor manera de examinar las características de un café es catarlo, es decir, probar su infusión. La cata evidencia un sinfin de características del café, imposibles de detectar analizando los granos de café, sean verdes o tostados.
La cata del café puede realizarse de varias maneras, pero en esta sección nos ceñiremos a comentar básicamente dos: a la brasileña, algo complicada, pero la mejor sin duda, y la del café expreso, interesante dada la aceptación de este tipo de bebida en nuestro país.
Antes de abordar el proceso de cata en sí, bueno será recordar unos conceptos básicos que nos servirán de gran ayuda:
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