Para elaborar un buen expreso se impone una mezcla de distintos cafés hasta encontrar el tipo adecuado. Los puristas defienden que un buen café expreso debe componerse de un 40% de Arábicas lavados (de Centroamérica o Colombia) y de un 60% de Arábicas naturales, pero sin embargo otras mezclas de buenos Arábicas producen resultados altamente satisfactorios. Para dar respuesta a ciertas exigencias de más cuerpo y gustos más amargos, aun a costa de menos aroma, se puede incluir un pequeño porcentaje de Robusta.
Mención aparte merece la amplia costumbre practicada en nuestro país de añadir torrefacto a la mezcla. El torrefacto, debido a que posee hasta un 15% de azúcares caramelizados, confiere al café un amargor característico que puede gustar, pero que no debe confundirse con la fortaleza o amargor de algunos cafés naturales. El torrefacto esconde las cualidades aromáticas de un buen café, por lo que no hemos de esperar encontrar grandes calidades de café con este tipo de elaboración.
El profesional de Hostelería, consciente de la calidad en este producto, el café expreso, que quizá le aporta el mayor valor añadido a su establecimiento, deberá ser extraordinariamente cuidadoso a la hora de elegir los tipos de café que quiere ofrecer. Es imprescindible contar con el consejo de un buen tostador, pero no puede ignorar los principios básicos que le ayudarán a definir y controlar profesionalmente el café que se sirve en su establecimiento.
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