El café que llega a los hogares o a las cafeterías casi nunca es café de una sola variedad, si no que es el resultado de una cuidadosa mezcla de distintas variedades.
La calidad de un buen café viene dada por el equilibrio de sus características organolépticas:
aroma,
cuerpo y
sabor. Normalmente, para conseguir el equilibrio perfecto se recurre a la combinación de cafés de diferentes variedades de distinto origen y especie. Se combinan en distintas proporciones hasta conseguir un conjunto aromático que se adecue a los gustos del consumidor en función al mercado al que va destinado.
Será distinta la mezcla en función del tipo de cafetera que se va a emplear en la preparación de la taza, de las preferencias del consumidor dependiendo de países o zonas de destino, si se va a comercializar en grano o molido, etc.
En cualquier caso, el proceso de
aromamezcla o
blend es delicado y requiere especiales conocimientos para encontrar la que mejor se ajusta al gusto buscado.
Las bases están definidas. Algunos ejemplos son:
Si bien la mezcla es importante, hay cafés que gozan del adecuado equilibrio de sus propiedades, lo que hace que tomarlos solos sea la opción que más resalte sus cualidades:
Jamaica Blue Mountain,
Hawai Kona,
Kenia AA,
Etiopía Limú,
Java Arabica y finalmente
Colombia Supremo.